Cuando pienso en Alfonsina Storni, poetisa argentina de origen suizo, dos (bueno, tres) cosas me vienen a la mente: la canción Alfonsina y el mar de la autoría de los argentinos Ariel Ramirez y Félix Luna, obviamente dedicada a Storni; y uno de los poemas de la escritora, Versos otoñales. Lo anterior me lleva a la tercera razón por la que Alfonsina ha tenido un gran impacto en mí: su suicido, precedido por una nota en la que aclara el modo en el que lo hará, “Me arrojo al mar”. Y no es cualquier mar, es el Mar de Plata, característico por sus escollos. No había escape, la muerte la atraparía.
En cuanto a la canción, desde la primera vez que la oí, cuando niña, me pareció hermosa; si bien no la comprendía en su totalidad, la musicalidad de las palabras y la melancolía de la música golpearon mi inmaduro corazón que ignoraba esos conceptos. Además de la maravillosa versión de Mercedes Sosa, Andrés Calamaro grabó una hace algunos años, de acuerdo con mi pobre cultura y gusto musical, considero que es una de las mejores versiones logradas. He aquí la muestra:
El poema, Versos otoñales, lo descubrí recientemente, en el primer año de mi carrera, cuando buscaba un poema sobre el cual hacer un ensayo… al final, no escogí ese poema, bueno, en realidad ni siquiera escribí ese ensayo (no hubo una buena conexión con el profesor y decidí cambiar de grupo). Sin embargo, desde la primera lectura el poema de Alfonsina me impactó (incluso lloré), sé que no es de sus mejores escritos, al menos en cuanto a la técnica, pero, dado que a mí la técnica no sé me da, es más no puedo ni comprenderla bien, para mí es un gran poema. El hecho de que ella lo haya escrito tan joven es otro de los datos que me impresiona, lo publicó a los 24 años, es decir que lo había escrito antes de esa edad, y en esa etapa tienes una visión muy lejana de la muerte, sí, sabes que está ahí, pero no, no crees que llegará tan pronto. El hecho de que ella hable de la vida que ya está terminando puede representar dos cosas (o eso creo, no sé con exactitud, no confíen en mí): 1) que quien habla en la poesía de verdad esté al final de su vida, en la vejez, con el cuerpo desgastado, o 2) que se siente al final de su vida en la juventud, sin tener el cuerpo realmente debilitado. De una u otra manera, el saber que la muerte está cerca y el no aceptarlo es una situación en la que ninguno se quiere encontrar, la fugacidad de la vida es una condición con la que el hombre ha tenido que lidiar y que no ha podido tolerar. Aquí el poema:
VERSOS OTOÑALES
Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas…¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertasYa me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.Y lloro lentamente, con un dolor maldito…
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!¡Pero yo me rebelo!… ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?
En fin, considero que Storni es una poetisa que vale la pena conocer y analizar (especialmente si lo hace alguien mejor que yo), ya que su trabajo muestra una gran fuerza de introspección, algo siempre difícil de lograr. Y sí, sé que su cuerpo fue recuperado, e insisto: Y se la llevó el mar. Ahí se fue su esencia, ahí se fue ella, y quedó, como bien diría mi madre, “sólo la carcasa, que viene prestada.”


